Sangre va a haber de todas maneras, pensé, por lo menos que no sea la mía, pensé, por qué habría de ser yo el sacrificado, ¿y ella?, no lo merece, ¿y yo?, tampoco. Esto último no tuve que pensarlo, me salió espontáneamente, como todo lo que es mentira.
Desde donde estaba no tardaría más de veinte minutos en llegar a London Bridge. Así que disponía de cuarenta minutos para trazar un plan descabellado. Eché mano del iPhone de Nicolay y marqué el número de mi propio móvil. No tuve ni que abrir la boca. Fue el cálido saludo que esperaba:
‘¡Tú! ¡Hijo de cien perras sarnosas!
‘¿Nicolay, eres tú?’
‘No, soy su hermano, el mismo que te va a arrancar los ojos para metértelos por el culo.’
‘Me temo que eso habrá que dejarlo para otro día. Por ahora me gustaría recuperar mi móvil. ¿Qué tal si organizamos un canje?’
‘¿Un canje? ¡¿Un canje?! ¿Estás tratando de pasar por loco para que nos olvidemos de ti? ¿Crees que cultivando nuestra lástima se va a arreglar todo? Tú no tienes ni idea de con quién te has metido. Jacques Lecouteaulx eres hombre muerto.’
‘Todos hemos de morir algún día, qué se le va a hacer. Pero antes quisiera hacer algunas llamadas, ya sabes, para despedirme.’
No contestó de inmediato. No entendía lo que estaba pasando. Probablemente habría tapado el móvil con la mano y estaba pidiendo consejo a sus compinches. Estarían mentando a mis progenitores. Intervine para enfadarlo aún más:
‘¿Hermano de Nicolay, sigues ahí o ya te has muerto?’
‘Recuérdalo bien: mi nombre es Sergéi y desde ayer mi misión en la vida es acabar contigo.’
‘¿Pero hay canje o no hay canje?’
‘¿Por qué habría de canjear nada contigo? Creo que será más fácil encontrarte y arrebatarte el móvil.’
‘Eso si antes no lo envío a la policía. He visto que tu hermano tiene unos mensajes muy interesantes.’
‘¿Dónde nos vemos?’
‘¿Dónde estás?’
‘¿Dónde supones que estoy?’
‘Si tantas ganas tienes de encontrarme, ya debes de saber que no resido en Chipre. Nos vemos dentro de 50 minutos en London Bridge. Andén 5, junto a la entrada del servicio de señores. Llevaré un gorro de lana rojo para que me reconozcas. Que no se te olvide mi móvil.’
‘Estás loco Lecouteaulx, loco.’
‘Otra cosa: no sé qué aspecto tienes. Por eso, en cuanto me veas y te acerques, tendrás que decirme las siguientes palabras: “Hola Jacques, viejo amigo.”‘
‘¿Por qué habría de decir semejante imbecilidad?’
‘Por cierto, ¿qué tal está Nicolay?’
‘Hasta luego Lecouteulx.’






despotriques