Ni borrón ni cuenta nueva
Llevo cinco meses vigilando a ese individuo que llaman Cautivador. Trabajo para Scotland Yard. Mi nombre es Parker, agente John Parker. La semana pasada cumplí treinta y seis primaveras. Estoy casado y tengo dos hijas de cuatro y dos años a las que apenas veo. Si trabajara con horario normal de oficina, de nueve a cinco, las cosas serían muy distintas y mi mujer no me estaría continuamente amenazando con abandonarme. No voy a intentar describir el estrés a que me veo sometido. Solo diré que sobrevivo a base de tranquilizantes y que, a pesar de detestar mi trabajo, sigo siendo un investigador competente. ¿Que por qué no lo dejo? No sé hacer otra cosa más que ser policia. Además, soy como el burro que persigue la zanahoria: llevo años oyendo rumores de ascenso. Lo curioso es que los rumores cada vez me parecen más verosímiles. Supongo que el burro que ve la zanahoria a dos palmos de sus narices tendrá esa misma sensación. El sargento Parker no tendría que pasarse las horas como las pasa el agente Parker, recorriendo de incógnito los bajos fondos, intentando sonsacar información a toda esa escoria de delincuentes que no dudarían en despellejarme vivo si descubrieran quién soy en realidad. Aunque lo peor es tener que dormir en este coche de mierda. Mucho motor y mucho diseño, pero de espacio bastante escaso. Mi espalda me está matando. Tengo una escoliosis de tres pares de cojones. Espero que esta misión sea mi última misión antes de tener oficina propia y poder así recuperar mi vida. Pero Cautivador no me lo está poniendo nada fácil.
No es Cautivador nuestro primer objetivo sino la misteriosa agencia para la que trabaja. Sabemos que delinquen pero no sabemos qué es exactamente lo que hacen. Tampoco sabemos para quién trabajan. Sus víctimas son siempre personalidades importantes, o eso creemos, porque nunca nadie ha presentado una sola denuncia. Calculamos que la agencia (a la que estúpidamente llaman “agencia de superhéroes”) tiene a otros cinco individuos como Cautivador en nómina, aunque, para ser sincero, ese cálculo no es más que pura conjetura burocrática pergeñada para rellenar mis informes con algo “tangible”. En realidad Cautivador podría estar actuando por su cuenta y la dichosa agencia podría ser fruto de la imaginación de quienes desean que semejante cosa exista, una historia más dentro del amplio abanico de leyendas urbanas. De nuevo dependo de rumores, aunque tan extendidos, tan inverosímiles y tan disparatados que a la fuerza han de ser verdad.
Paradojas de la vida: mientras no consiga vincular a Cautivador con la dichosa agencia, Cautivador tiene carta libre para hacer lo que le venga en gana. Podía haberle empapelado hace tiempo, pero no estoy dispuesto a dejar que el pez grande se me escape. La agencia existe y lo voy a demostrar con la ayuda de Cautivador. Voy a atraparlos a todos. Ni lo ocurrido hace una hora conseguirá desviarme de mi objetivo. No negaré que me he asustado al ver a Cautivador arrojar tres alfombras grandes enrolladas al vertedero de Croydon. Me he acojonado, lo reconozco. Parecía estar deshaciéndose de los cuerpos de sus tres acompañantes o esclavas. Pero debe haber alguna otra explicación porque Cautivador no es un asesino. Lo más probable es que las tres esclavas se hayan ido cada una para su casa al poco de marcharse Cautivador y yo tras él. Eso sí, he cumplido con mi deber. He realizado una llamada anónima informando de la aparición de tres fiambres en el vertedero, pese a estar prácticamente convencido de que mis colegas no encontrarán nada, pero por si acaso, no vaya a ser que…
Mientras realizaba la llamada he seguido a Cautivador hasta esta iglesia católica. ¿A qué coño habrá venido? Ahora mismo son las seis y media de la tarde de un lunes nublado. Llevo veinte minutos aguardando en mi coche. Yo mismo estoy por entrar a la iglesia y rezar para que Cautivador cometa algún error y me entregue a sus compinches en bandeja. Mejor espero. Esperar es lo mío.






Qué interesante se está poniendo, me gustaría ver la cara de Parker cuando sus colegas le informen de que había tres cadáveres en el vertedero.
mmmmmm, yo creo que no existen tales cadaveres… tengo una hipotesis pero no querría contaminar a cautivador con mis suposiciones. va la historia demasido bien como para dejarse influenciar por teorias externas.
Querida Tamaruca, yo también quisiera ver la cara de esa sombra que me persigue de nombre Parker.
Querido putoloco, hacer cábalas no es contaminación sino todo lo contrario. Además, no podría dejarme influenciar aunque quisiera: los hechos los dicta esa cosa azarosa y desmelenada que algunos llaman tómbola pero los más llamamos vida.
Muchas gracias a ambos por vuestra participación.