Desahuciado

En aquel instante, mientras la voz de Jeremy Paxman iba dando forma a la noticia del hallazgo con vida de la Yamamoto y sus dos amigas, a Cautivador su propia existencia se le antojó insustancial y efímera. Después de años de aventuras rocambolescas capaces de hacer que el mismísimo Jason Bourne se cagara de miedo, la vida de Cautivador había llegado de pronto a un callejón sin salida. De nada servía protestar ni buscar escusas porque nadie le iba a escuchar, desde luego no los directivos de la agencia que acababan de poner precio a su cabeza. Sin embargo no podía evitar sentirse apesadumbrado por la cadena de hechos desafotunados de la que era víctima. Sí, así es, víctima. Si las tres esclavas hubieran aparecido muertas nada ni nadie habría podido vincularlo con los cadáveres. Hubiera sido un desastre, de acuerdo, pero al menos Cautivador no estaría involucrado y la agencia tampoco. En lugar de eso, la policía contaba ahora con tres testigos dispuestas a declarar que un individuo que se hacía llamar duquesa de Middlesex las había secuestrado y las había maltratado durante todo el fin de semana. Poco importaba que ésa fuera una verdad a medias. Habían sido secuestradas y maltratadas, sí, pero no era menos cierto que las tres habían disfrutado enormemente con esa (para ellas) nueva experiencia. Quizás no al principio, las primeras dos o tres veces que Cautivador había dejado caer su latigo, pero después, ¡oh, después!, las tres esclavas habían mostrado un ferviente deseo de ser azotadas y vilipendiadas sin descanso. Cautivador había acabado totalmente exhausto tras producir los millones de megaherzios de placer orgiástico que demandaban sus tres sumisas esclavas. Los brazos (biceps, triceps y todo lo que acabara en ceps) los tenía doloridos de tantos latigazos como había arreado, y las palmas de sus manos, llenas de ampollas supurantes, parecían palpitar de hinchadas y rojas que estaban. Las miró por un instante y pensó en los cientos de bofetadas que había soltado a ruego de la Yamamoto y sus dos amigas. En la cabeza de Cautivador retumbaban las únicas palabras en inglés que habían salido de la boca de la Yamamoto: “¡¡¡Oh master, hit me, hit me, hit meeeeeeee!!!” Nada de aquello saldría ahora ni de su nipona boca ni de las de sus dos acompañantes británicas, no mientras sus esposos y familias las compadecían en el hospital dando muestras inequívocas de amor y cariño, con el susto de su desaparición y posible muerte aún presente en sus rotros. Las tres olvidarían los múltiples orgasmos que Cautivador les había provocado, y se centrarían en declarar a la policía los detalles más cochambrosos, aquéllos que servirían para cargar todas las culpas sobre los hombros de alguien de quien solo conocían su nombre de guerra (duquesa de Middlesex) y dónde vivía. En efecto, esa había sido su gran cagada. ¡¿Cómo cojones se me ocurrió traerlas a casa?!, se lamenta Cautivador mientras vuelve a dirigir la mirada hacia la pantalla del televisor. Es entonces cuando siente que algo frio le toca la sien derecha, algo cilíndrico y metálico. En ese mismo instante Cautivador comprende que la función ha llegado a su fin. “No te esperaba tan pronto”, es todo lo que dice a modo de despedida.

~ por cautivador en Marzo 7, 2008.

2 comentarios to “Desahuciado”

  1. ¿¿Ya?? ¡No homme, no! ¡No te lo cargues ya!

  2. La vida da giros inesperados. Uno se despide pensando que es para siempre y resulta ser un simple hasta luego. ¿Alguien ha oído un disparo? Yo no y Cautivador tampoco.

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