Suzanne, my fetish (19)

Como el mono parecía estar hambriento decidí darle de comer. La mujer de la residencia me animó a ello. Fue entonces que su nombre me vino a la cabeza. “Suzanne”, le dije, y me miró con ojos incendiados de lujuria. Un encanto de mujer, aunque en aquel momento no fuera más que una desconocida a la que me estaba beneficiando a trompicones. Cuando acabamos nos fuimos a su apartamento, no lejos de la residencia en la que trabaja y a la que yo había llegado guiado por una nostalgia intuitiva.

Nada más llegar Suzanne introdujo en el estéreo un CD que llevaba escrito mi nombre con rotulador rojo. ¿Sería eso a lo que me dedicaba, a la música? Me daba que no.

No le pregunté sobre mí. No me atreví. Por lo que deduje de varios comentarios suyos deslavazados, había una agencia (¿agencia?) que me quería muerto (¡¿muerto?!). Le dije que ya había tenido suficiente por ese día y que ya hablaríamos de ello por la mañana. No sé muy bien por qué dije semejante estupidez. El corazón parecía irme a salir por la boca de nervioso que me puse. “Soy un cagaleras con nombre de opereta cómica”, fue lo que pensé. Decidí hacer como si no pasara nada. Me interesé por ella, que qué tal se encontraba, que si había tenido un día muy agitado. Tampoco Suzanne estaba para muchas palabras. Su cara transmitía preocupación, creo que por mí, quizás por nosotros. Me dijo que ya valía de drogas, que me estaba matando. Sabias palabras en boca de quien se preocupa por uno, aunque en aquel momento ella continuaba siendo una extraña para mí. Sentados en el sofá, me acerqué para acariciarla (¿era eso lo que se suponía que debía hacer?). Suzanne puso su pie de por medio como muestra inequívoca de rechazo, o al menos eso fue lo primero que pensé. Entonces sus labios dibujaron una sonrisa cómplice que me incitó a acariciarle el pie. Mientras lo hacía, sentí que esos dedos rechonchos me atraían de manera embriagadora. Quería relamerlos desenfrenadamente. Sus pies son horrorosos, no lo niego, y sin embargo…

Suzanne mencionó algo de su patria chica, de Newark, en New Jersey, la tierra de personajes tan ilustres como Philip Roth, Bruce Springsteen y Tony Soprano. Me habló brevemente de su infancia (a cuento de qué, no lo sé) pero preferí no prestarle atención, supongo que por pura prudencia, para que sus recuerdos no ocuparan el espacio vacío dejado por los míos. Al parecer en su apartamento había objetos que me pertenecían: algo de ropa, libros (la mayoría con ilustraciones sadomaso), cepillo de dientes, música… Pero yo no vivía aquí. Lo supe sin que ella me lo dijera. Soy un visitante ocasional, quizás regular, pero visitante al fin y al cabo.

Al día siguiente desperté y comprendí que de amnesia nada. Había sido el efecto combinado de drogas y alcohol lo que me había hecho perder la memoria pasajeramente. Todos mis problemas volvieron de sopetón. Me levanté tarde, hacia las doce del mediodía. Estaba todo lo deprimido que se puede estar cuando de pronto vi que Suzanne me había dejado una nota en el refrigerador: “Don’t forget: you must attend the orgy tonight. Sorry, I can’t make it; got to work till late. xxx.” En efecto, ese día tocaba nuestra orgía trimestral en la que, de manera aleatoria, fornicamos con un grupo orquestado de desconocidos. Esta vez tendría que acudir sin Suzanne. Con resignación fingida pensé: “se hará lo que se pueda”. De inmediato empecé a fantasear, y todos mis problemas (por increíble que parezca) volvieron a pasar a un segundo plano. Lo acontecido en la orgía lo dejo para el siguiente episodio.

~ por cautivador en Enero 22, 2009.

4 comentarios to “Suzanne, my fetish (19)”

  1. Me gusta lo que leo!

  2. Mil gracias Ariadna por tu comentario. ¿Crees que habrá manera de salir de este laberinto en que me encuentro perdido?

  3. … quizás, primeramente te replantaría pensar si estas perdido o no, seguidamente deberías preguntarte si deseas salir o no…

    Mil y una gracias a ti por tu trabajo

  4. Al replanteamiento digo que quizás. En todo caso si no perdido sí estoy al menos confuso. A la pregunta respondo que no: por ahora no quiero salir, pero estaría bien tener un plan B por si cambio de opinión. Aunque la verdad, después de lo que me pasó en la orgía no sé ya qué pensar.

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