La revancha de Oriente (23)
El día siguiente lo pasé tumbado en la cama mirando al techo. Mientras desayunaba (sola) Suzanne puso un tema de B.S. que le gusta más que mucho. Recuerdos suyos de otros tiempos, de otros lugares. Desde la cama podía escucharlo con demasiada claridad. Lo puso en repeat y lo dejó sonando al marcharse, la muy cabrona. Creo que escuché Atlantic City treinta veces seguidas antes de levantarme a mear y de paso darle una patada al estéreo. El resto del día lo pasé en silencio. Puede que pensando, puede que no.
Dieron las diez de la noche y Suzanne aún no había regresado del trabajo. Le había llamado tres o cuatro veces aquella tarde solo para que una voz de mujer con acento indio me confirmara que el número marcado se encontraba apagado o fuera de cobertura. Me pareció extraño pero no le di mayor importancia. Solo ahora que volvía a llamar la extrañeza empezó a convertirse en preocupación. Esta vez su móvil daba señal con total claridad y yo esperaba escuchar su encantadora voz de un momento a otro. No hubo respuesta. Pensé que estaría de camino a casa y que el ruido del tráfico no le permitía oír mi llamada. Aguardé diez minutos antes de volver a marcar. Cuando lo hice fue una voz de hombre la que contestó. “Buenas noches Cautivador-san, viejo amigo”, me dijo. “Amigo y un huevo”, pensé, pero no dije nada. Aquel acento no era ruso, menos mal. “Nosotros tener a su amada, nosotros querer usted.” Esta vez no pude contenerme y dije “¿y quién cojones es nosotros, si se puede saber?” “¿Usted sonar Yamamoto? Pues nosotros familia Yamamoto.” Jesusito de mi vida que eres niño como yo, fueron las únicas palabras que acudieron a mi torturada mente. Otra parte más de mi escabroso pasado (posts 6 a 11) que volvía para pedirme cuentas. Ahora ya sabía quién había entrado en el apartamento de Suzanne el día anterior.
Tardé unos segundos en reaccionar, pero finalmente me envalentoné lo necesario para representar el papel de macho protector, aunque en el fondo lo que sentía era un deseo casi irrefrenable de colgar, llamar a un taxi y salir disparado para Heathrow. Supongo que si no lo hice fue por Suzanne y porque no recordaba dónde había puesto el pasaporte. La pobre no sabía nada de mi relación con la esposa del embajador del Japón, Mikiko Yamamoto, y de cómo me había visto obligado a mancillar (por decir algo) el honor de esa respetable dama como parte de mi trabajo. Jamás hubiera sospechado que su familia viniera a por mí. ¿Qué carajo querían? No lo pregunté abiertamente porque ya conocía la respuesta. Traté de hacerme el sueco:
-¿Yamamoto? ¿Qué clase de broma es ésta? No sé de qué me está hablando. ¿Qué le han hecho a mi amiga? Déjenla en paz o llamo a la policía.
-Usted no llamar a policía porque usted no amigo de policía. Usted salir de escondite y venir a estación tren London Bridge.
-Pero qué escondite ni qué niño muerto.
-Nosotros buscar usted anoche pero usted muy escurridizo.
Estuve a punto de decirle que no era yo el escurridizo sino ellos los impacientes. Me preguntaba dónde más me habrían estado buscando. Continuó con sus amenazas:
-Se acabó Cautivador-san, ahora usted dar cara.
-Yo no voy a ninguna parte.
-Entonces nosotros castigar amada suya.
-Será mejor que no le toquéis ni un pelo o lo pagaréis muy caro.
-Pelo no, cabeza, ¡Zas!
-¿Así que es eso lo que me espera, una ejecución sumarial? Pues ahora sí que no voy.
-Usted una hora para venir servicio hombres andén número cinco estación London Bridge. Si usted, rata rastrera, no venir, mis primos y yo hacer filetes con amada suya.






He puesto la canción mientras leía tu última entrega. La rola dura más que el post, así que me he quedado escuchando esa voz que quiere ser rasposa durante un rato, mientras miraba largamente a tus amigos orientales. Creo que uno de tus samurais va a matar al fotógrafo.
Un saludo.
[atanorblog.wordpress.com]
Lo de incluir música en los posts es algo que tengo cada vez menos claro. Al principio me pareció interesante pero ahora no sé si no es un estorbo. Tienes razón, el Yamamoto que mira a la cámara parece no tener buenas intenciones. Yo diría que dispone de poderes mentales adquiridos a través del más riguroso bushido.
Gracias Edgar por pasarte por aquí. No sé cómo llegué a él, pero te aseguro que vuestro blog atanor merece mucho la pena.