De camino a la oficina

Siete de la mañana de un lunes lluvioso. El coche parece no querer arrancar. Definitivamente el coche no quiere arrancar. Paso de tomar un taxi para ir al trabajo. Paso también de montarme en el puñetero autobus que tarda una hora en llegar al centro de la ciudad. Diez minutos es lo que tardaré en llegar caminando a la boca de metro más cercana. Sigue lloviendo a cantaros. Decido correr para no acabar calado. En vano. Frente a la máquina expendedora de billetes estoy mojado de pies a cabeza. Parece que hoy no es mi día. El tren de la Picadilly Line que me llevará a nuestras oficinas de Covent Garden llega completamente abarrotado de gente. A duras penas consigo entrar en el tren. Huele a sueño y legañas. Me pregunto por qué alguien con mis poderes ha de pasar por todo esto cada mañana. No es por fardar pero podría ir volando a la oficina. Sin problema. No tadaría ni un minuto en llegar. Pero el jefe no quiere que hagamos bravuconadas fuera del horario de trabajo. La política de la agencia es muy clara en lo que a hacer bravuconadas se refiere: los superhéroes que estamos en nómina solo podemos hacer alarde de nuestros poderes cuando llevamos puesto el traje de superhéroe de la agencia. Lo decía muy claro en el contrato que firmé. Así que no debería quejarme, lo sé. Pero es que me revienta este olor a sueño y legañas. ¿Qué necesidad hay de hacernos pasar por esto? ¿Tanto perjuicio les causamos a los patrocinadores de nuestros trajes de superhéroe si acudimos a la oficina volando con vaqueros y jersey? Si es así, entonces que nos dejen llevarnos el traje a casa. Pero no, por ahí no quieren pasar, no vaya a ser que la competencia nos robe los trajes. Creo que nada más llegar a la oficina voy a telefonear al síndicato de superhéroes. Esto no puede seguir así.

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No quiero ni pensar cuál será el trabajo que me asignen hoy. Estoy hasta mis mismísimos superhuevos.

El hombre sudoroso

No me alargaré demasiado. La historia es como sigue. Un hombre entra en una taberna un sabado por la noche. Que sea sabado es importante porque es el único día de la semana en que la taberna parece una taberna y no un velatorio. Quiere decirse que el hombre al entrar se encuentra con varias decenas de personas de ambos sexos que toman un trago mientras charlan alegremente. El hombre está sudando como si acabara de correr una maratón y estuviera ahora buscando las bebidas isótonicas que preparan los organizadores de maratones. Pero el símil no se sostiene. Si alguno de los presentes reparase en el hombre sudoroso se daría cuenta de que en realidad su respiración no es agitada y que por tanto el sudor no puede ser producto de ningún esfuerzo físico.

Los parroquianos siguen a lo suyo y no prestan la menor atención al hombre que no para de sudar. Al fondo de la barra hay un par de sillas libres. El hombre toma asiento en una de ellas. Pasan cinco minutos antes de que el barman se percate de la llegada del nuevo cliente y se acerque a preguntarle lo que quiere. Cuando finalmente lo hace, el hombre sudoroso se levanta y se le queda mirando fijamente a los ojos. Es entonces cuando el barman se percata del sudor que corre como una catarata por la frente del cliente. Durante un nanosegundo al barman se le pasa por la cabeza preguntarle al cliente si se encuentra bien, pero ese pensamiento nunca acaba de tomar forma porque en ese mismo nanosegundo el cliente aprieta con el dedo pulgar el botón del detonador que lleva en su mano derecha. Ahí acaba la historia. ¿Y qué tiene que ver esta historia con Cautivador? Mucho más de lo que parece.

Olimpiadas de pajas 2008: lo que faltaba

Hay que ver qué jodida es la vida. Uno se levanta por la mañana, toma el desayuno mientras enciende el ordenata y ¡zas!, no tarda ni dos minutos en darse de bruces con la realidad. Resulta que en mayo se celebrarán en Dinámarca las Olimpiadas para onanistas 2008, más conocido como Masturbate-a-thon. Tócate la polla (nunca mejor dicho), olimpiadas para onanistas, con records y todo (seis pajas seguidas sin flaquear en la modalidad masculina, cuarenta y nueve en la femenina, y no es broma). No vale con apretarse los machos y rezar siete padres nuestros cada mañana para que la vida te sonría. Que va, la vida no deja de darte por el culo una y otra vez, como un robot que no entendiera más que de eso, de cómo darte por el culo a ritmo de martillo pilón y sin lubricante. Si no queremos que nuestra civilización occidental se vaya al garete, hemos de encontrar una alternativa a las prácticas onanistas que ablandan los cerebros de nuestros jovenes y les meten ideas locas en sus cabezas ya de por sí enchorlitadas (si sabré de lo que hablo). Con lo fácil que sería crear un ser biónico o un clon (femenino o masculino, da igual pero continuamente húmedo) controlado por control remoto para esos momentos en que nos sentimos sólos y no tenemos más que nuestra mano a mano. Cautivador no puede cerrar los ojos ante semejante desaguisado y mirar para otro lado como si no pasara nada; Cautivador piensa, piensa, se estruja el cerebro y propone soluciones. Por ejemplo:

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Cuatro meses después (o Lolita se va de picnic)

Han pasado cuatro meses desde que arrancó esta blognovela y es hora de hacer balance. Considerando que por ahora hemos (plural mayestático) recibido algo más de 600.000 visitas (mentira, han sido 303.787) y que este es el segundo episodio (si se le puede llamar así) que publicamos, pues qué quieren que les diga, la cosa no va muy bien que digamos. Creemos que los malos resultados cosechados han sido motivados por tres puntos tan claros que da hasta vergüenza citarlos:

1. Solamente hemos escrito un episodio en cuatro meses (patética desidia), y no decía gran cosa.

2. No hemos participado en ni uno solo de los blogs que aparece en nuestro blogroll (dejadez indómita).

3. Los pocos comentarios que hemos recibido (en su mayoría bastante críticos, de lo cual nos congratulamos) en ocasiones han tenido que aguardar más de dos meses para que fueran publicados. El motivo de este retardo no ha sido otro que nuestro desconocimiento de cómo funciona el administrador del puto WordPress. Este es, por ahora, el único problema que hemos conseguido subsanar con éxito.

Estamos dispuestos a combatir los otros dos puntos flacos de nuestro approach y lo vamos a hacer como es debido: con un torrente de episodios escandalosos. De todos modos tendré que seguir extrujándome la cabeza (ver foto) si quiero que esta blognovela remonte el vuelo.

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PD: Lo de Lolita en el título de este artículo no es más que un experimento. Quiero ver cuántos desalmados llegan a este blog a través de Google utilizando la palabra Lolita. Si eres unos de ellos y no tenías intención de buscar información sobre las obras de Nabokov y Kubrick, entonces ya te pueden dar por el culo pervertido de mierda, socabrón, mamonazo, ójala te pudras en el infierno y se te pulverice la polla como por arte de magia. Para los que realicéis la búsqueda con fines literarios o cinéfilos, pues nada, que tengáis un buen día.

No perdáis la esperanza…

Este primer pesudo-episodio está dedicado a las hordas de internautas que han tenido la osadía de visitarme para merendarme. A ellos, a vosotros, Cautivador os dice que nunca jamás perdáis la esperanza. Algún día cometeré algún error que me dejará con el culo al aire y me convertirá en el hazme llorar de este mundo virtual. Más de uno dirá: “Deja de decir melonadas, Cautivador, y cuéntanos algo medianamente interesante”. Cuánta razón tenéis. Siguiendo con ese tono desinteresadamente maleducado, a Cautivador le apetece regalaros un entrañable dibujo que auna el espiritu navideño y los recuerdos más vívidos de la infancia, cuando uno se limitaba a ver pasar las horas jugando a médicos y médicas. Para quienes consideréis este regalo como una fechoría estúpida más de este vuestro Cautivador, de ese depravado que no hace más que comerse los mocos, solo puedo deciros que lleváis toda la razón. Si por algo se caracteriza Cautivador es por decir melonadas lastimeras y por dar siempre la razón a quien le crítica. ¿De qué sirve discutir con quien no piensa como tú? De nada. Pero, ¡ay!, ¿y discutir con quienes te dan la razón? Esos especímenes son merecedores de todos los empalamientos verbales que puedan salir de la pluma de Cautivador.

Bien, ya está, suficiente por hoy. Antes de despedirme y de dar paso al enternecedor dibujo del que os hablaba, quisiera acabar parafraseando al más grande pensador del siglo XX que, en un alarde de sabiduría, dijo: “Those are my principles, and if you don’t like them… well, I have others.” Vale, ya sabéis algo más de Cautivador.

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