Se está cociendo el episodio 25

•noviembre 16, 2010 • 5 comentarios

Si las fuerzas me acompañan y consigo rebajar mis actividades onanistas a, digamos, la mitad, entonces puede que os cuente lo que ni yo mismo consigo creerme, por más que fuera mi mismísimo yo el protagonista de semejante fechoría barriobajera, otra más, y ya van… yo qué sé cuantas van. ¡Y las que quedan!

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Calling Nicolay (24)

•marzo 8, 2009 • 13 comentarios

Sangre va a haber de todas maneras, pensé, por lo menos que no sea la mía, pensé, por qué habría de ser yo el sacrificado, ¿y ella?, no lo merece, ¿y yo?, tampoco. Esto último no tuve que pensarlo, me salió espontáneamente, como todo lo que es mentira.

Desde donde estaba no tardaría más de veinte minutos en llegar a London Bridge. Así que disponía de cuarenta minutos para trazar un plan descabellado. Eché mano del iPhone de Nicolay y marqué el número de mi propio móvil. No tuve ni que abrir la boca. Fue el cálido saludo que esperaba:

‘¡Tú! ¡Hijo de cien perras sarnosas!

‘¿Nicolay, eres tú?’

‘No, soy su hermano, el mismo que te va a arrancar los ojos para metértelos por el culo.’

‘Me temo que eso habrá que dejarlo para otro día. Por ahora me gustaría recuperar mi móvil. ¿Qué tal si organizamos un canje?’

‘¿Un canje? ¡¿Un canje?! ¿Estás tratando de pasar por loco para que nos olvidemos de ti? ¿Crees que cultivando nuestra lástima se va a arreglar todo? Tú no tienes ni idea de con quién te has metido. Jacques Lecouteaulx eres hombre muerto.’

‘Todos hemos de morir algún día, qué se le va a hacer. Pero antes quisiera hacer algunas llamadas, ya sabes, para despedirme.’

No contestó de inmediato. No entendía lo que estaba pasando. Probablemente habría tapado el móvil con la mano y estaba pidiendo consejo a sus compinches. Estarían mentando a mis progenitores. Intervine para enfadarlo aún más:

‘¿Hermano de Nicolay, sigues ahí o ya te has muerto?’

‘Recuérdalo bien: mi nombre es Sergéi y desde ayer mi misión en la vida es acabar contigo.’

‘¿Pero hay canje o no hay canje?’

‘¿Por qué habría de canjear nada contigo? Creo que será más fácil encontrarte y arrebatarte el móvil.’

‘Eso si antes no lo envío a la policía. He visto que tu hermano tiene unos mensajes muy interesantes.’

‘¿Dónde nos vemos?’

‘¿Dónde estás?’

‘¿Dónde supones que estoy?’

‘Si tantas ganas tienes de encontrarme, ya debes de saber que no resido en Chipre. Nos vemos dentro de 50 minutos en London Bridge. Andén 5, junto a la entrada del servicio de señores. Llevaré un gorro de lana rojo para que me reconozcas. Que no se te olvide mi móvil.’

‘Estás loco Lecouteaulx, loco.’

‘Otra cosa: no sé qué aspecto tienes. Por eso, en cuanto me veas y te acerques, tendrás que decirme las siguientes palabras: “Hola Jacques, viejo amigo.”‘

‘¿Por qué habría de decir semejante imbecilidad?’

‘Por cierto, ¿qué tal está Nicolay?’

‘Hasta luego Lecouteulx.’

La revancha de Oriente (23)

•febrero 28, 2009 • 2 comentarios

El día siguiente lo pasé tumbado en la cama mirando al techo. Mientras desayunaba (sola) Suzanne puso un tema de B.S. que le gusta más que mucho. Recuerdos suyos de otros tiempos, de otros lugares. Desde la cama podía escucharlo con demasiada claridad. Lo puso en repeat y lo dejó sonando al marcharse, la muy cabrona. Creo que escuché Atlantic City treinta veces seguidas antes de levantarme a mear y de paso darle una patada al estéreo. El resto del día lo pasé en silencio. Puede que pensando, puede que no. Seguir leyendo ‘La revancha de Oriente (23)’

あなたの死の苦痛される (22)

•febrero 18, 2009 • 9 comentarios

He contado muchas patrañas a lo largo de mi tempestuosa vida, y he de decir que casi siempre con notable éxito. Sin embargo Suzanne es impermeable incluso a mis mentiras más verosímiles. Su intuición para distinguir lo falso de lo verdadero me abruma y me anula a la vez. Por eso decidí contarle tal cual lo ocurrido con mi coche y mis ahorros y omitir el altercado con el prestamista ruso. (Omitir no es mentir y, además, no había necesidad de hacer saltar todas las alarmas.) Ése era el plan que traía en mente cuando Amir me dejó junto al portal de Suzanne. Seguir leyendo ‘あなたの死の苦痛される (22)’

Un día en las carreras (21)

•febrero 8, 2009 • 3 comentarios

Un día en las carreras me hará bien, pensé. Estaba equivocado, por supuesto. Perdí las tres mil ochocientas libras que me quedaban en el banco por culpa de mi aguerrida ignorancia caballar. Salí del horse track de Reading ligeramente deprimido. Para arreglarlo me fui al de Cheltenham. Allí perdí cinco mil libras que conseguí prestadas de tres rusos simpatiquísimos que se dedican a estos menesteres. El principal más treinta puntos a una semana, ése fue el trato. Se quedaron con mi Mini Cooper como garantía. Observé impotente cómo dos de ellos se lo llevaban mientras el tercero (el único que hablaba inglés) me daba el número de teléfono al que debía llamar si quería recuperarlo. No había ni asomo de reproche en sus palabras. Normal, el coche valía por lo menos el triple de lo que me habían prestado. Seguir leyendo ‘Un día en las carreras (21)’

Orgía truncada en tres actos (20)

•enero 30, 2009 • 9 comentarios

¿Quién me iba a decir que aquella prometedora orgía iba a acabar como acabó, entre ventosidades apestosas y reproches desvergonzados? Juro por lo que me es más sagrado (mi máscara rojigualda de sumiso) que no fui yo el que empezó. Luego, en el fragor de la batalla, es cierto que se me escapó alguno que otro, pero el deshonor de haber dado el pistoletazo de salida le correspondía a otra persona cuya identidad no se aclaró (por más que los seis me acusaran a mí). Seguir leyendo ‘Orgía truncada en tres actos (20)’

Suzanne, my fetish (19)

•enero 22, 2009 • 4 comentarios

Como el mono parecía estar hambriento decidí darle de comer. La mujer de la residencia me animó a ello. Fue entonces que su nombre me vino a la cabeza. “Suzanne”, le dije, y me miró con ojos incendiados de lujuria. Un encanto de mujer, aunque en aquel momento no fuera más que una desconocida a la que me estaba beneficiando a trompicones. Cuando acabamos nos fuimos a su apartamento, no lejos de la residencia en la que trabaja y a la que yo había llegado guiado por una nostalgia intuitiva. Seguir leyendo ‘Suzanne, my fetish (19)’